Procedimientos de selección: El concurso público bajo la Ley 32069

Procedimientos de selección: El concurso público bajo la Ley 32069

10 de setiembre de 2025

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Introducción

Introducción

La contratación pública es una de las funciones más sensibles y estratégicas del Estado, pues de ella depende que los recursos públicos se conviertan en bienes, servicios y obras que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía. Para lograrlo, el ordenamiento jurídico peruano ha diseñado procedimientos competitivos y fiscalizados que buscan garantizar un uso eficiente, transparente y oportuno del dinero público. Dentro de este sistema normativo, el concurso público ocupa un lugar central como procedimiento de selección especializado en la contratación de servicios y consultorías. 

A diferencia de la licitación pública —más orientada a bienes y obras—, el concurso público ha sido pensado para atender procesos donde la calidad técnica y la especialización del proveedor son determinantes para el éxito del servicio contratado. Su estructura permite al evaluador atender detalladamente las propuestas, equilibrando aspectos técnicos y económicos, y promoviendo la participación de proveedores mejor calificados. Además, la nueva Ley General de Contrataciones Públicas y su Reglamento han modernizado este procedimiento, incorporando mecanismos que facilitan una mejor planificación, promueven la innovación y fortalecen la competencia efectiva en el mercado público. 

Esta evolución normativa, respaldada por herramientas digitales como la Plataforma Digital para las Contrataciones Públicas (PLADICOP) y el Registro Nacional de Proveedores (RNP), ha convertido al concurso público en un instrumento clave para alcanzar el valor por dinero, uno de los principios rectores de la contratación estatal moderna. En las siguientes secciones, conoceremos quiénes intervienen en este procedimiento, cómo se estructura por fases, qué modalidades contempla y cuáles son sus mecanismos de control y solución de controversias, ofreciendo así una guía clara y completa para cualquier persona interesada en entender y participar en los procesos de selección del Estado.

¿Quiénes participan en un concurso púbico?

Detrás de cada concurso público existe una red de actores institucionales y técnicos cuya coordinación apunta a garantizar que el proceso sea transparente, eficiente y orientado al interés público. Cada uno de ellos cumple una función específica, pero complementaria, dentro del ecosistema de las contrataciones del Estado. 

En el nivel rector, la Dirección General de Abastecimiento (DGA) del Ministerio de Economía y Finanzas ejerce el liderazgo normativo y técnico del Sistema Nacional de Abastecimiento. Esta entidad es responsable de establecer lineamientos, emitir directivas y supervisar el cumplimiento de los principios que rigen las contrataciones, asegurando así una base jurídica uniforme y actualizada.

A nivel operativo, el protagonismo recae en el Organismo Especializado para las Contrataciones Públicas Eficientes (OECE), antes conocido como OSCE, que tiene un papel multifacético: administra el Registro Nacional de Proveedores (RNP), certifica a los compradores públicos, responde consultas sobre la normativa y supervisa el cumplimiento de las reglas por parte de las entidades. Además, gestiona y desarrolla la Plataforma Digital para las Contrataciones Públicas (PLADICOP), que centraliza y digitaliza todas las etapas del proceso de contratación, promoviendo la interoperabilidad con entidades como SUNAT, RENIEC y SUNARP. 

Asimismo, Perú Compras cumple un rol clave en la eficiencia del gasto público, al impulsar procesos de estandarización de bienes y servicios de uso frecuente mediante fichas técnicas, homologaciones y catálogos electrónicos. Esto permite reducir costos, optimizar tiempos y asegurar la calidad de los productos contratados. 

En el interior de cada entidad contratante, se articulan tres figuras fundamentales: (i) el Área Usuaria, (ii) la Dependencia Encargada de las Contrataciones (DEC) y (iii) el Oficial de Compras o Comité Evaluador. El Área Usuaria es quien formula el requerimiento en base a una necesidad concreta; la DEC planifica, organiza y ejecuta el procedimiento; y los evaluadores revisan técnicamente las ofertas y conducen el proceso de adjudicación, según su nivel de especialización. 

Todos estos actores operan bajo principios como la integridad, la transparencia, la competencia efectiva y la eficiencia. Para garantizar su profesionalización, la normativa exige que los compradores públicos estén debidamente certificados por el OECE, promoviendo así una gestión cada vez más técnica, objetiva y orientada a resultados.

Importancia del RNP

Para contratar con el Estado en un concurso público, por ejemplo todo proveedor debe estar inscrito en el Registro Nacional de Proveedores (RNP), una base de datos administrada por el OECE que reúne a las personas naturales y jurídicas habilitadas para contratar con el Estado peruano. Esta inscripción es el primer filtro para garantizar que los postulantes cuenten con la capacidad legal, técnica y financiera mínima necesaria. 

El RNP funciona de manera simple, pero articulada. Básicamente, es como una Ficha Única del Proveedor (FUP), que consolida información proveniente de distintas entidades públicas mediante interoperabilidad, como la SUNAT, SUNARP y RENIEC. Gracias a esta integración, se reduce la exigencia de documentación repetitiva y se facilita el control sobre requisitos clave como domicilio fiscal, vigencia de poderes o situación tributaria. Esta ficha se actualiza constantemente y constituye la fuente oficial para verificar la elegibilidad de los postores. 

Para las empresas constructoras, el RNP ha establecido una Capacidad Máxima de Contratación (CMC), es decir, un tope que delimita el volumen de obras que el proveedor puede ejecutar simultáneamente. Esta capacidad se calcula en función del récord de ejecución de obras en los últimos años y garantiza que las empresas no asuman compromisos superiores a su solvencia real. Además, para suscribir contratos de obra, se exige la Constancia de Capacidad Libre de Contratación (CCLC), que acredita el margen disponible dentro de su capacidad total. 

Otro de los roles del RNP es que registra y reporta los impedimentos para contratar con el Estado, ya sea por sanciones, vínculos de parentesco prohibidos o conflictos de interés. 

Por último, es pertinente mencionar que la inscripción en el RNP es gratuita, sencilla y totalmente digital. Más allá de un requisito formal, representa un paso clave hacia una contratación pública basada en méritos, confiabilidad y transparencia.

Fases del concurso público

El concurso público no es solo un acto de selección, sino un procedimiento estructurado que sigue tres grandes fases: actuaciones preparatorias, fase de selección y ejecución contractual. Cada una responde a objetivos específicos y guarda una lógica interna que busca maximizar la eficiencia y reducir riesgos en el uso de recursos públicos. 

a. Actuaciones preparatorias:

Comienza con la elaboración del requerimiento, a cargo del área usuaria. Este documento define con claridad qué se va a contratar, para qué se necesita y qué impacto se espera. Un requerimiento bien formulado es la base para una contratación exitosa, ya que evita ambigüedades, facilita la competencia y permite verificar objetivamente el cumplimiento.

Luego se diseña la estrategia de contratación, donde la dependencia encargada de las contrataciones evalúa el mercado, la modalidad más adecuada, el tipo de procedimiento, los riesgos involucrados y la mejor manera de asignarlos. También se puede publicar un anuncio de contratación futura, que permite acortar plazos si se emite con al menos 40 días calendario de anticipación a la convocatoria. 

Todo lo anterior se consolida en el expediente de contratación, que debe ser aprobado antes de iniciar la siguiente etapa. Esta segunda fase, la fase de selección, inicia con la convocatoria oficial a través de la plataforma PLADICOP. Allí se publica el cronograma, las bases y toda la información necesaria para que los proveedores interesados puedan inscribirse, presentar consultas u observaciones, y finalmente postular con sus ofertas técnicas y económicas.

b.  Evaluación: 

Una vez recibidas las ofertas, se realiza la evaluación, que puede incluir una precalificación si el objeto contratado lo amerita. En caso de observarse errores subsanables, los proveedores tienen la oportunidad de corregirlos sin alterar el contenido esencial de su propuesta.  Finalmente, se otorga la buena pro, que consagra al postor ganador. 

c.  Ejecución contractual:

Es la fase donde se formaliza el contrato y se da inicio a la prestación del servicio. A partir de ese momento, se monitorea el cumplimiento, se emiten las conformidades y se gestiona el contrato hasta su cierre, siempre bajo los principios de eficiencia, transparencia y orientación a resultados.

Modalidades de concurso público según la nueva ley

El concurso público, bajo la Ley N° 32069 (Ley General de Contrataciones Públicas) es un procedimiento que se adapta a diferentes tipos de servicios, niveles de complejidad y necesidades del Estado. Por ello, la normativa vigente establece varias modalidades, que permiten atender con mayor eficacia los distintos contextos de contratación. Estas modalidades se diferencian por el objeto contractual, la cuantía, el grado de estandarización del requerimiento, y el nivel técnico que se necesita para evaluar las propuestas. 

Una de las más comunes es el concurso público de servicios (sin modalidad), que se utiliza para contratar todo tipo de servicios, incluso los de consultoría. Es aplicable para montos menores a S/ 485,000.00 (varía anualmente por la Ley de Presupuesto). Si bien su desarrollo sigue un formato estándar, existe la opción de anunciar una contratación futura para acortar plazos y mejorar la preparación del mercado. Los evaluadores pueden ser un comité o un oficial de compra, y se permite la elevación de observaciones ante el OECE. 

Cuando se trata de consultorías especializadas o servicios técnicos como mantenimiento vial, se aplica el “concurso público para consultorías (sin modalidad)”. Aquí no se permite la participación de oficiales de Compra, y la evaluación debe ser realizada por un comité o un jurado, dada la mayor complejidad técnica del objeto. La evaluación económica siempre es posterior a la técnica, garantizando que la decisión priorice la calidad.  

En situaciones que demandan mayor celeridad o que tienen características especiales, la normativa contempla el “concurso público abreviado”. Esta modalidad se aplica en varios supuestos: cuando el bien o servicio está homologado, en segundas convocatorias, en atención a emergencias, o para insumos utilizados directamente por empresas del Estado. Su principal ventaja es que reduce el plazo entre la convocatoria y la presentación de ofertas a solo 10 días hábiles. No permite la elevación de observaciones al OECE, lo que agiliza aún más el proceso. 

Existen también concursos orientados a la contratación de expertos o gerentes de proyectos, donde la convocatoria puede incluir entrevistas o validaciones técnicas específicas. Y a partir del 2025, se implementarán nuevas modalidades como el Concurso con precalificación, ideal para servicios altamente técnicos, y el Concurso con diálogo competitivo, pensado para soluciones innovadoras que requieren ser diseñadas en conjunto con los proveedores. 

En suma, el concurso público no es una receta única, sino un menú de opciones que permite a cada entidad pública elegir la vía más adecuada para asegurar contrataciones eficaces, oportunas y alineadas con el principio de valor por dinero.

Consideraciones finales

A lo largo de este recorrido, ha quedado claro que el concurso público es un instrumento sofisticado y esencial para garantizar la eficiencia, legalidad y transparencia en el uso de los recursos públicos. En un contexto donde las demandas ciudadanas por mayor integridad y resultados son crecientes, este procedimiento destaca como una herramienta clave para promover la competencia leal, seleccionar a los mejores proveedores y asegurar que el Estado obtenga el mayor valor posible por cada sol invertido.

Uno de los principales activos del concurso público es su flexibilidad normativa. Gracias a las distintas modalidades que ofrece –desde el concurso tradicional hasta las versiones abreviadas, diferenciadas o con diálogo competitivo–, permite a las entidades públicas adaptar el procedimiento a la naturaleza, complejidad y urgencia de cada contratación. Esta capacidad de ajuste es fundamental para atender, de forma eficiente, tanto las necesidades rutinarias de la administración como situaciones excepcionales que exigen respuestas ágiles, pero igualmente controladas. 

Asimismo, el rol de los actores involucrados es determinante para el éxito de este mecanismo. Desde el área usuaria que formula el requerimiento, pasando por la Dependencia Encargada de Contrataciones, los comités evaluadores, los compradores públicos y los órganos rectores como el OECE, todos deben operar bajo los principios de ética, profesionalismo y compromiso con el interés público. La profesionalización progresiva del personal involucrado es una meta clave para seguir fortaleciendo la calidad de las decisiones que se toman en cada fase del proceso.  

Por otro lado, la Plataforma Digital para las Contrataciones Públicas (PLADICOP) representa una evolución tecnológica significativa, al permitir centralizar la gestión de la contratación, automatizar procesos y facilitar el acceso público a la información. Esta herramienta contribuye de forma directa a la transparencia y vigilancia ciudadana, además de simplificar los procedimientos tanto para las entidades como para los proveedores. 

No menos importante es el enfoque de gestión de riesgos que atraviesa todas las etapas del concurso público. Identificar tempranamente las amenazas que podrían afectar el éxito del procedimiento, evaluar su impacto y establecer estrategias para mitigarlas, es una buena práctica que cada vez cobra más fuerza en el ámbito de las contrataciones estatales. Esto incluye no solo riesgos operativos, sino también aquellos asociados a la integridad, como los conflictos de interés, la colusión o el incumplimiento de obligaciones contractuales. 

Finalmente, el concurso público refleja una visión moderna y progresiva del derecho administrativo contractual. Su evolución normativa no ha sido meramente formal, sino que responde a una lógica de mejora continua, donde la participación ciudadana, la estandarización de requerimientos, la innovación pública y la rendición de cuentas se combinan para construir un sistema más justo, eficaz y orientado a resultados. 

En resumen, dominar el procedimiento de concurso público no es solo una tarea técnica, sino también una responsabilidad ética con el país. Comprender sus etapas, valorar su impacto, y participar activamente desde cualquier rol (como servidor público, proveedor o ciudadano) es contribuir directamente al fortalecimiento de una contratación pública honesta, profesional y centrada en las verdaderas necesidades de la población.

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